Beneficios para la salud del Hierro


Beneficios para la salud del Hierro

Cuando hablamos del hierro decimos a nivel de nutrición que se trata de oligoelemento muy importante para la puesta en marcha de los diferentes procesos vitales y funciones de nuestro organismo, una de las funciones principales del hierro es la de proceder con el transporte del oxígeno a todas las partes de nuestro cuerpo.

Pese a que está popularmente extendido que la carencia de hierro puede causar la apariencia de anemias, pueden surgir también si nuestros niveles de hierro son excesivos otras formas de trastorno en nuestra salud.

¿Por qué es importante mantener los niveles de hierro estables?

Muchos de los presentes se harán esta pregunta, sobre la necesidad de mantener los niveles de hierro estables en nuestro organismo. La respuesta es porque básicamente el hierro es el encargado de realizar el transporte de nuestro querido oxígeno y trasladarlo a todos los tejidos del ser humano, eso sí unida a la proteína de nuestros glóbulos rojos, la hemoglobina.

Hierro glóbulos rojos

Este papel crucial que realiza en nuestra salud, hace del hierro en un mineral prácticamente único que hace que debamos incluir diariamente en nuestra alimentación. Para proceder con estos consejos e incorporarlo en nuestra base alimenticia, es mejor tener una dieta lo más variada posible, tal como nos aconsejan los expertos nutricionistas y endocrinos.

Los niveles adecuados de Hierro

Nuestro protagonista de hoy, se encuentra en nuestro organismo en una cantidad que podríamos situar entre los 3,5 gr. y los 4,5 gr. en diferentes partes del cuerpo como pueden ser la sangre, el hígado, el bazo, los músculos o incluso la médula ósea.

El nivel óptimo de hierro en nuestro organismo, va variando dependiendo de las necesidades de cada uno, pero la media de estos niveles en las personas suele oscilar entre los cincuenta y los ciento ochenta miligramos por decilitro de sangre en una persona adulta, según indican los doctores especializados en la materia.

Decir que cada etapa en nuestra vida va presentando unos requerimientos diferentes de presencia de hierro, que cambian bastante desde la lactancia hasta las necesidades de un adulto, pasando por la terrible adolescencia o incluso en la gestación.

  • Los bebés hasta el año: Depende del suministro de la propia leche de la madre o maternizada. Es de suma importancia que durante el período de lactancia, la madre tenga reservas de hierro en su propio organismo.
  • Entre 1 año y los 10 años: Las necesidades de hierro en esta etapa varían desde los 10 a los 15 miligramos al día.
  • En la etapa de la adolescencia: Los jóvenes deben consumir una tasa media de 15 miligramos al día, cifra que aumenta en las mujeres, sobre todo cuando están en periodo de edad fértil, debido a las continuas pérdidas que les ocasiona la menstruación.
  • En las futuras mamas: La necesidad de este mineral aumenta a un mínimo de 30 miligramos al día.
  • En período postmenopáusico: Las necesidades de hierro bajan a los 10 ó 15 miligramos al día, al igual que en el hombre adulto.
  • Durante la vejez: Debe suplementarse hierro a la dieta debido a la menor ingesta del mismo así como la dificultad que presentan muchos ancianos para masticar. Como indica el doctor Martín, las personas mayores tienen pérdidas crónicas que no suelen notarse porque suceden de manera muy lenta, pero hay que estar muy pendientes porque el organismo se va adaptando a su nueva situación y en ocasiones se nota cuando ya las pérdidas son muy agudas.

De la misma forma, conviene tener en cuenta, según advierten los médicos especialistas, que el hierro puede presentar diferentes variaciones en la propia persona a lo que cabría añadir que no debe analizarse esto de forma aislada, sino que sus niveles deben estudiarse en un análisis más detallado, para así conseguir de manera más clínica una visión más global, que incluya más valores como la hemoglobina, hematocitos…



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Aviso importante: La información contenida en estas páginas no es necesariamente exhaustiva, completa, exacta o actualizada. Tampoco no debe remplazar a la información dada por un profesional médico, ni a ningún otro profesional médico de la salud (física y/o mental). Si tienes cualquier duda, consulta con tu médico de cabecera o a un profesional de la salud.

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